sábado, 11 de agosto de 2007

Caravana de Gustavo Moncayo

El caminante de la paz tiene toda la atención de los
medios de comunicación y de los ciudadanos del país.
Por: Maria del Pilar Jaramillo

El profesor Gustavo Moncayo cuenta con un gran número de seguidores. Tiene acaparados todos los medios de comunicación, que lo acompañan en cada minuto de su caminata. Además de la prensa, la televisión y la radio; la población civil también ha mostrado su solidaridad, algunos uniéndose a la caminata y otros con un afectuoso recibimiento.
Así ocurrió en julio 30 cuando el profesor Moncayo llegó a Silvania, allí tenían preparada toda una estrategia de seguridad y una bienvenida en la plaza del pueblo.
El profesor Gustavo Moncayo entró a Silvania por el sector Autopista. En Valsaliche lo esperaban policías para protegerlo de la población civil; que se emociona tanto al verlo que se avalancha hacia él, unos pidiendo autógrafos, fotos, besos e inclusive poderlo tocar para así curarse.
Sin embargo Gustavo Moncayo dice que no es que él esté haciendo milagros, sino que la gente tiene fe y lo ve como el mesías del siglo XX. Esta es una de las razones por las que donde quiera que llega es recibido con algo de beber o comer, otras personas le ofrecen obsequios; entre estas personas se encuentra el Alcalde de Silvania, que ofrendó al caminante de la paz un sombrero silvanense y uchuvas cubiertas de chocolate.
Sin importar toda la movilización que ha causado Gustavo Moncayo con su caminata, él dedica tiempo para hablar y acercarse a las personas que lo ven como un héroe nacional. Además de otorgar entrevistas a los medios, también pone atención a estudiantes de periodismo que por interés propio, o porque han sido enviados desde distintas universidades, lo siguen para obtener alguna nota o una entrevista.
A pesar de que en su piel y su mirada se hace evidente el cansancio que le ha producido la extensa caminata, los múltiples compromisos sociales y con los medios, y el poco tiempo que le queda para descansar y recuperarse de su dura jornada; el caminante de la paz conversa tranquilamente con ellos y responde cada una de las preguntas que le son elaboradas, las responde extensamente, incluyendo todos los detalles y sin el más mínimo afán.

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