Columna
Varios argumentos a favor de la discusión pública
Tengo una fiel creencia, tal vez como buena comunicadora, de que la mayoría de conflictos surgen a partir de la falta de claridad en la comunicación. Los seres humanos nos dedicamos a suponer lo que el otro piensa, siente y sueña; pero muy pocas veces nos atrevemos a preguntar, a entablar una conversación que aclare nuestras dudas, y nos libre de una vez de las suposiciones; que en la mayoría de casos causan prejuicios y malos entendidos.
Desde esta perspectiva el “debate” que se emitió en vivo a través de la FM entre el presidente Álvaro Uribe Vélez y el periodista Daniel Coronell tiene sus ventajas. No sobra aclarar, que sin duda hay diferentes maneras de comunicarnos; de decir las cosas, unas más efectivas que otras; aunque se que tendré retractores al referirme a semejante pugna como una conversación provechosa, debido a que por instantes parecía más una pelea de perros y gatos que una conversación entre dos seres humanos civilizados y educados.
Es obvio que una discusión como ésta no es el tipo de conversaciones de las que te sientes orgulloso, especialmente si eres una figura pública y todo el país te esta escuchando. Sin embargo creo que tengo algunas premisas que en este caso específico justificarían que este fue el tipo de conversación más adecuada.
En primer lugar la mayoría de discursos a los que los ciudadanos tienen acceso por parte del presidente son de estilo protocolario, comunicaciones minuciosamente preparadas; que a pesar de ser elaboradas supuestamente para la ciudadanía, tienen un alto contenido de complejidad, embellecimiento y términos especializados, por lo que terminan siendo claras sólo para una pequeña población; que tenga conocimientos en historia, política, derecho, economía por sólo mencionar algunas áreas que varían de acuerdo con la agenda del día.
Por lo anterior podría afirmar que este tipo de discusión pública llega a una audiencia más amplia, y eso es lo que necesitamos; que todos estemos informados; para así poder tomar una posición frente a los sucesos que ocurren en el país.
Del mismo modo este tipo de discusiones favorecen el decremento de las malas interpretaciones del discurso, pues en momentos de agitación e indignación, no hay mucho tiempo de pensar en palabras demasiado diplomáticas que dificulten la comprensión de los ciudadanos. Los seres humanos en momentos de cólera, como lo llama Daniel Coronell, decimos las cosas tal cual las sentimos; lo que nos permitiría por medio de un análisis minucioso; descubrir diferentes matices de las figuras públicas que se enfrentaron.
No quiero prestarme para malas interpretaciones acerca de la hipótesis que intento plantear. Con lo anterior no estoy diciendo que el presidente Uribe no haya pensado antes de hablar, pues soy totalmente consciente de que tiene grandes habilidades para la retórica, cualidad por la cual lo admiro. Pero sí estoy diciendo que en estas circunstancias es más susceptible de caer en incoherencias, de equivocarse, contradecirse; mostrándonos cosas que bajo otras condiciones no lograríamos apreciar; lo mismo es aplicable al columnista. Lo que nos permite concluir que este tipo de comunicaciones son más instintivas y menos racionales; más primarias y por qué no más transparentes.
Desde esta perspectiva el “debate” que se emitió en vivo a través de la FM entre el presidente Álvaro Uribe Vélez y el periodista Daniel Coronell tiene sus ventajas. No sobra aclarar, que sin duda hay diferentes maneras de comunicarnos; de decir las cosas, unas más efectivas que otras; aunque se que tendré retractores al referirme a semejante pugna como una conversación provechosa, debido a que por instantes parecía más una pelea de perros y gatos que una conversación entre dos seres humanos civilizados y educados.
Es obvio que una discusión como ésta no es el tipo de conversaciones de las que te sientes orgulloso, especialmente si eres una figura pública y todo el país te esta escuchando. Sin embargo creo que tengo algunas premisas que en este caso específico justificarían que este fue el tipo de conversación más adecuada.
En primer lugar la mayoría de discursos a los que los ciudadanos tienen acceso por parte del presidente son de estilo protocolario, comunicaciones minuciosamente preparadas; que a pesar de ser elaboradas supuestamente para la ciudadanía, tienen un alto contenido de complejidad, embellecimiento y términos especializados, por lo que terminan siendo claras sólo para una pequeña población; que tenga conocimientos en historia, política, derecho, economía por sólo mencionar algunas áreas que varían de acuerdo con la agenda del día.
Por lo anterior podría afirmar que este tipo de discusión pública llega a una audiencia más amplia, y eso es lo que necesitamos; que todos estemos informados; para así poder tomar una posición frente a los sucesos que ocurren en el país.
Del mismo modo este tipo de discusiones favorecen el decremento de las malas interpretaciones del discurso, pues en momentos de agitación e indignación, no hay mucho tiempo de pensar en palabras demasiado diplomáticas que dificulten la comprensión de los ciudadanos. Los seres humanos en momentos de cólera, como lo llama Daniel Coronell, decimos las cosas tal cual las sentimos; lo que nos permitiría por medio de un análisis minucioso; descubrir diferentes matices de las figuras públicas que se enfrentaron.
No quiero prestarme para malas interpretaciones acerca de la hipótesis que intento plantear. Con lo anterior no estoy diciendo que el presidente Uribe no haya pensado antes de hablar, pues soy totalmente consciente de que tiene grandes habilidades para la retórica, cualidad por la cual lo admiro. Pero sí estoy diciendo que en estas circunstancias es más susceptible de caer en incoherencias, de equivocarse, contradecirse; mostrándonos cosas que bajo otras condiciones no lograríamos apreciar; lo mismo es aplicable al columnista. Lo que nos permite concluir que este tipo de comunicaciones son más instintivas y menos racionales; más primarias y por qué no más transparentes.
